martes

HIPOCONDRÍA

Vivir o amar, eterna duda.
Amar con vos es hipocondría
cuando, untados en mercromina,
comienza nuestra orgía.
Cubro tu cuerpo de tiritas
tomando un gelocatil,
calmando el clamor que brama.
Fluimucil, eterno sollozo,
Voltarén, salvaconil,
Airtal, Auril, Clamoxil,
cual plumas, eternas, hermosas,
penetrando en mí.
Anhelo tu botiquín,
y no me conformo con aspirinas.
Dolalgial, Pentatol, ansias mil,
incluso algo para la menstruación.
Sólo ahora, borracho de fervor,
dame un alka-seltzer,
y acabamos, mi amor.

lunes

HISTORIA DE DOS ENAMORTADOS

Ella era una chica dura,
lo más romántico que dijo fue:
"trae tu verga ahora mismo".
Él era alto y feo,
como los árboles más nobles.
Ella era orgullosa y libre
y con su navaja hacía
una nueva muesca,
otro enamorado.
Y del árbol brotaba resina.
Ella era andrógina como el viento
y se reía de sus poemas
que no iban a ninguna parte.
Él, triste y pálido,
era supositorio mojado.
Ella era grande y peluda
como los osos polares.
Él se perfumaba para ella
con fragancias de anuncio.
Ella era alérgica al perfume
y reía con los incisivos,
brutalmente,
escupiendo su sonrisa al viento.
Él acariciaba su cabello,
esperando una nueva dentellada.
Ella juraba amores a la luna
mientras hurgaba en su trasero
en busca de porquería.
Él solapaba su mentira en lágrimas
sabiendo no ser mejor que ella.
Un día ella descubrió
que el bulto en su slip
no significaba diarrea.
Él sólo suspiró
y abrió bien sus caderas.

SOLICITUDES PECAMINOSAS

Eres tan dulce
como la humillación
del fracaso eterno.
Tan hermética
como el rayo trasparente
de un ocaso rayado.
Extinta
como el holocausto
de los antiguos mitos.
Deforme y agrietada
como el refulgir
de un hombre en bronce.
La plaza, tibia y delicada,
se rinde a tu paso.
Te hace sentir breve,
como un añadido enciclopédico.
Roes el mármol,
y quemas mi cultura de papel.
Yo vivo llamándote,
paranoico y demoniaco,
esperando el crematorio,
o la aventura de no saber
en qué día vivo.
Se te iluminan los ojos
al ver la fisura resbaladiza
en el cuerpo de la presa,
vomitando algo
entre agua y sangre.

POESÍA AL NIÑO PERCHA

Así como se mastica el miedo
en tibios fragmentos de dolor,
es como veo tu rostro.

Inerte, en este otro lago.
La vida no te trató bien.
Adicto al pegamento
a los trece años.
Adicto ahora a mi poesía.
Niño percha.
siempre colgado
con algo.

Te escudas en lo lúgubre,
pero te delata tu sudor,
cercano al olor del hierro
de las máquinas de gimnasio.
Olerlo es verte, aún en la sombra.
Espera, tu día vendrá.
El vigésimo Octubre seco
se materializará tu venganza,
y será dulce, será húmeda,
casi no será venganza.
Y alguien dirá tu nombre,
y te recordaremos
así como se mastica el miedo
en tibios fragmentos de dolor.

sábado

HIJO DE UNA CAFETERÍA DE PLÁSTICO

Voy a hacerte el amor
hasta llenarte el alma,
o morir sin ti
en una cafetería de plástico.
Ciclos vienen, tú te vas.
Mi cabeza rebosa
de conversaciones de abuelas.
Si me conformara con una porción
y el rincón de la cafetería.
Las viejas inundan el lugar:
dentaduras postizas, perlas,
moños y pensión de viudedad,
gafas de pasta, brisca y té.
Sólo las oigo masticar.
Escribo un papel
y me pierdo en la mesa.
Cola de máquina,
tortilla recalentada
con ketchup.
Ciudadano climático,
tanto como la luna,
olvídate en lugares
donde no se puede
esperar nada
excepto el siguiente metro.
Y si mirás atrás,
sólo si miras atrás,
si te atreves
a mirar atrás,
no hay nada,
sólo impaciencia,
soledad,
plástico en tu plato.
Nada.
No hay nada.
Salvo 26 viejas,
12 de ellas en un corro,
3 botellas de agua mineral,
2 cromos en el grasiento suelo,
16 gusanos de seda en una caja de seda sin agujeros,
14 risas punzantes,
1 ficus,
1 dependiente con pajarita,
3 canciones de los Beatles en versión de supermercado,
2 máquinas tragaperras,
1 niña lasciva que bebe en pajita,
miradas vacías que miran a ventanas vacías,
y un espejo en el que aparezco sin ti,
no hay nada en mi cafetería.

UN HOMBRE PRIMITIVO FRENTE A UN ESCAPARATE


Te quiero así, inaccesible.
Tras el cristal.
Te quiero limpia, sobria, callada y afeitada.
Sin olores, sin grumo menstrual.
Te quiero quietecita en tu escaparate.
Podré verte de temporada en temporada.
Te prefiero en la sección de lencería.
Te quiero inalcanzable, envidiable.
Sin descorchones, ni extremidades caídas.
Te quiero joven, te quiero inerte.
Te quiero encerrada en las eternas rebajas.
Sin palabras que las más de las veces sobran.
Te quiero inaccesible.

EL NIÑO HORTALIZA


El niño hortaliza
comía guisantes, brócoli,
espinacas, judías,
y el resto de aquellos
desagradables
verdes vegetales.
Y aún así tenía que oír esa mierda de
"saca-la-basura-ahora".


El niño hortaliza
tenía pocos amigos
y todos eran verdes.

El niño hortaliza,
lleva un par de años fiambre,
y sus padres lo conservan
en la buhardilla.
Las visitas comentan lo lindo
del color verdoso de su piel.
La madre, orgullosa,
recuerda lo importante
que es una alimentación sana
para un niño.